• Diego Cáceres

Discurso 50 años egreso Colegio Militar de la Nación.


Sr. Director del Colegio Militar de la Nación, Autoridades Presentes, Srs. Oficiales, Suboficiales, Cadetes, Camaradas, Sras Esposas y Amigos:

Al conmemorarse hoy los 50 años del Egreso del Colegio Militar de la Nación de la Promoción 97 y, de la cual mi Padre, el Capitán Héctor Cáceres, forma parte, no puedo dejar de reflexionar sobre su último y más importante acto: LA DE ENTREGAR SU VIDA POR EL OTRO. Este no es un acto común, ni simple. Muy lejos de ello, es un acto “excepcional” y de “grandeza humana”. Es un acto que trasciende todo juicio moral, y que provoca en nosotros Admiración y Elevación. La misma elevación que sentimos cuando presenciamos algo que nos asombra, nos conmueve o nos inspira. Nos sentimos “elevados” cuando vemos a alguien realizar un acto de generosidad, valentía o entrega extraordinaria, tal como hizo mi padre al socorrer a su camarada, sabiendo del peligro que corría.

Pero para ello, para poder realizar su último acto en vida, y que dejará su marca distintiva en todos nosotros, mi padre tuvo que forjar a través de los años un Carácter con dotes realmente excepcionales. Ellos son su legado. Ése es el legado de mi Padre: su CARÁCTER. Lo que lo hizo trascender a través de todos estos años es un camino, como hombre de bien, centrado en el desarrollo de las Virtudes como meta de crecimiento personal y felicidad en la vida.

A través del desarrollo de la virtud de la PASIÓN, mi padre afrontó la vida con entusiasmo y energía. Hacía las cosas con convicción y dando todo lo mejor de sí. Vivía la vida como una apasionante aventura, sintiéndose vivo y activo. Se dedicaba en cuerpo y alma a las actividades en las que participaba. La pasión que ponía en sus actividades resultaba contagiosa. Mi padre era un apasionado de su profesión, de manera tal que, a sus cortos 28 años, ya había conquistado varias especialidades, como la de Paracaidismo y Montaña.

Otra virtud que desarrolló mi padre en su carácter era la PERSEVERANCIA. Para cumplimentar una de las Especialidades más exigentes en el ámbito militar, como es la de COMANDO mi padre demostró su perseverancia en una actividad llena obstáculos difíciles para sortear. Obtenía satisfacción por las tareas emprendidas y que conseguía finalizarlas con éxito. Asumía proyectos difíciles y los cumplía con las mínimas quejas. Hacía lo que decía que haría e incluso más, nunca menos.

La virtud de la HUMANIDAD que destacaba a mi padre en su Carácter a través de los comentarios de algunos camaradas, también la he visto al correr de los años y sigo viendo reflejada a través de sus “Verdaderos Hermanos en Armas” cada vez que muestran su bondad, generosidad, calidez y compasión en sus buenas acciones al cuidar y ayudar a sus otros hermanos y familiares: algunos presos injustamente hoy, otros con problemas de salud y un muy largo etc. de ejemplos de humanidad.

Y por último, la virtud más sobresaliente que desarrolló y que más nos inspira era su VALENTÍA. Era un hombre que no se dejaba intimidar ante la amenaza, el cambio, la dificultad o el dolor. Era capaz de defender una postura que creía correcta aunque existiese una fuerte oposición por parte de los demás. Y fue gracias a su Valentía que en el instante en que escuchó la voz de auxilio de su camarada gritando “Cáceres estoy herido”, y sabiendo del peligro que enfrentaba, no dudó un instante en ir a socorrerlo.

Hace 40 años atrás mi padre se enfrentaba a una Patria viciada por la MALDAD TERRORISTA, hoy en día, 4 décadas más tarde, nuestro Patria está contaminada de vicios como la corrupción, la estafa, la mediocridad, la enfermedad mental, el egoísmo, las malas intenciones, etc. Es por ello, que hoy más que nunca, necesitamos de nuestros héroes, héroes como mi padre, porque ellos son nuestras fuentes de inspiración, ya que el heroísmo es el antídoto contra el mal. El mal que aún habita entre nosotros será contrarrestado, y al final vencido, por la determinación heroica de cada hombre y cada mujer. Esa determinación comienza por la imaginación heroica, es decir, teniendo a nuestros héroes y sus historias presentes y cercanas en nuestras vidas cotidianas para inspirarnos en los momentos que más los necesitamos. Ése es el legado y el camino de mi padre, su Carácter forjado en Virtudes que nos inspira a ser mejores, nos inspira a ser capaces de resistirnos frente a la maldad, a la corrupción. Nos Inspira a no ceder a las tentaciones, de superar la mediocridad y de responder cuando los demás no actúan. Mi padre peleó por un país más justo, más sano y con hombres de bien, y lo hizo apelando a los mejores ángeles de nuestra naturaleza humana. Ése es su legado, que nos inspira a continuar su camino.

¡Hermanos de la Promoción 97, gracias por tantos años de calidez y apoyo! ¡Pero, sobretodo, por haber sabido resguardar celosamente, durante todos estos años, la Memoria de mi Padre! ¡Siempre estaré agradecido!


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