• Juan Martin Perkins

Si te hizo feliz, no cuenta como error.

Actualizado: abr 21


“Si te hizo feliz no cuenta como error” reza un tuitero desde un sobrecito de azúcar en el bar donde pienso esta columna. Me hizo feliz.

Me hizo feliz sostener el tema cuando pocos se animaban. Sentí que hacía algo justo y necesario.

Sentado en la plaza de mayo rodeado de palomas, viendo la gente pasar con el vértigo porteño de un día de trabajo.

La Rosada, el Cabildo, la Catedral, la intendencia… parte de nuestra historia allí, a veces trágica, otras veces gloriosa, nunca intrascendente, entre la plaza y mis pensamientos.

Una formación de granaderos ingresa a la plaza en diagonal, desde la Casa de Gobierno. Marchan, solemnes, hasta el mástil central. Izquierda, izquierda, izquierda derecha izquierda.

Granaderos de San Martín, escoltas del presidente, en la ceremonia de arriar la bandera.

El Clarín y el tambor no llamaron la atención del público que parecía indiferente.

Firmes, desataron la bandera y la doblaron cuidadosa y amorosamente. Lo recuerdo como si fuera hoy.

Ya habían entrado en formación para retirarse cuando, de entre el público indiferente, un señor de unos 38 o 40 años, tal vez menos, se interpuso en el camino de los granaderos de la mano de un niño que aparentaba ser su hijo. Firmes los dos ante el soldado que portaba la bandera.

El señor intercambió unas palabras con el líder del grupo unos instantes.

Los soldados se cuadraron, saludaron; el señor se paró firme ante la bandera, se inclinó en reverencia y la besó.

Inmediatamente, el granadero que portaba la bandera hizo rodilla a tierra y la ofreció a el niño que soltó la mano de su padre, hizo saludo 1 y también besó la bandera.

Nunca olvidé esa imagen y la emoción que me causó a pesar de mi juventud.

Padre e hijo caminaron juntos de la mano tras los soldados, como escoltando la bandera hasta que los perdí de vista cruzando la calle. Nadie reparó demasiado en el episodio. Son códigos que los civiles casi no entendemos.

Hoy después de tantos años, es un poco mas fácil hablar y escribir sobre estos temas. Sólo un poco, porque aún seguimos con el complejo y el resentimiento.

Me alivian y me dan algo de paz estos pequeños homenajes casi domésticos donde intento expresar la deuda de gratitud a hombres enormes traicionados y olvidados durante años.

Este señor de la plaza podría haber sido el Capitán Cáceres de la mano de su hijito Héctor o Diego.

Podría haber sido, pero sólo en espíritu porque el Teniente 1° Cáceres ofrendó su vida en el monte tucumano combatiendo al ERP por mandato constitucional.

“Tranquilo, ya te saco” fueron sus últimas palabras rescatando a un camarada que yacía abatido.

Una ráfaga lo mató en el acto.

Nunca nos hablaron de él, nunca nos contaron que cayó en acción heroica merecedora de medallas y homenajes. Nunca, porque la historia de los héroes que te cuentan llega sólo hasta el sargento Cabral y después se reanuda con Maradona..

Esta semana tuve el honor de que me contactara uno de los hijos del Capitán y le pedí autorización para mencionar a su padre en mi columna. Leí sobre el Capitán Cáceres y sentí vergüenza por lo que le hacemos como país a su memoria y a la de todos los que combatieron por nosotros.

Ilustro esta nota con una foto del Capitán para que lo veas. Para que conozcas su mirada de los 30 años. El fondo valiente y limpio de sus ojos.

A ver si te animas a decirle en la cara que él no murió en la guerra en 1975.

Mírale bien la facha y dime si no parece una estrella de cine. Un George Clooney, Matt Damon o Brad Pitt morocho nacido en Río Negro. Pero no pudo ser.

Fue un soldado argentino. Un oficial muerto en el frente de batalla de una guerra que hacemos como que no ocurrió.

Nunca pasó, pero Héctor y Diego se quedaron sin papá cuando tenían 3 años y 7 meses, respectivamente.

En 33 años, la democracia Argentina, esa por la cual él murió, nunca se atrevió a mirarlo a la cara, pedirle perdón por el olvido y agradecerle el servicio prestado.

Será porque el Capitán no tiene pañuelos pintados en la plaza.

Será porque nunca su madre fue a defecar en el altar de la Catedral.

No se porque será. Lo que si se, es que el tuitero tiene razón, “Si te hizo feliz, no cuenta como error”

Gracias Cáceres! Y perdón por el olvido.

Juan Martín Perkins.

http://radiomagicadigital.com/gracias-caceres/

#Homen

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