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  • Diego R. Cáceres

Psicología del Mal - Capítulo I - Definición del Mal

Actualizado: 16 ago 2021

Creer que los hombres malos no harán ningún mal, es una locura

Marco Aurelio


I. Definición del Mal


1. Introducción


En la psicología actual, hace pocos años, se ha despertado el interés por el estudio científico de la “PSICOLOGÍA DEL MAL” de la mano de profesionales como Baumeister (1997), Bloom (2013), Miller (1999), Simon Baron-Cohen (2011) Staub (1989), Waller (2002), Zimbardo (1995), etc.


Si bien el interés por el estudio del mal estuvo en general circunscripto a ciertos casos excepcionales de asesinos seriales o crímenes brutales, luego de la segunda guerra mundial, un controversial experimento por intentar comprender las causas o los motivos que llevaron al aniquilamiento de millones de personas durante el siglo pasado, por el solo hecho de pertenecer a una cierta clase de grupo religioso, cambió el curso de nuestro entendimiento. Dicho experimento alcanzó una notoriedad internacional por ser uno de los experimentos más populares realizados en la historia de la psicología y, que luego dió lugar a la publicación del Best-Seller “Obediencia a la Autoridad” del Dr. STANLEY MILGRAM. A través de dichos experimentos, el autor intentaba investigar: ¿cómo era posible que personas civilizadas, estuviesen involucradas en actos inhumanos destructivos? ¿Cómo fue que el genocidio nazi fuese implementado de forma tan sistemática y eficiente? En otras palabras, estudiaba la psicología del mal (Milgram, 1978).


Pero también hay otro motivo más profundo y grave en nuestra sociedad actual por el cual existe un mayor interés por el estudio de dicho tema. El motivo se debe, en mi opinión, a que la psicopatología con la cual nos encontramos en la actualidad es muy distinta a la psicopatología que describían los psicólogos clínicos de principios de siglo XX desde la visión clásica de la psicología.


El Dr. MARTIN E. P. SELIGMAN, ex presidente de la “Asociación de Psicólogos Americanos (APA)” de Estados Unidos, nos dice al respecto:


Después de un desvío a través del hedonismo de los años 60, el narcisismo de los años 70, el materialismo de los años 80 y la apatía de los años 90, la mayoría hoy parece creer que el carácter es importante después de todo y que Estados Unidos se enfrenta a una crisis de carácter en muchos frentes, desde el patio de recreo hasta el aula, el campo deportivo, la pantalla de Hollywood, las empresas corporativas y la política. Según una encuesta realizada en 1999 por la Agenda Pública, los adultos en los Estados Unidos citaron ‘no aprender valores’ como el problema más importante que enfrentan los jóvenes de hoy. En particular, en opinión del público, la droga y la violencia arrastró la ausencia de carácter como problemas apremiantes. (Seligman, 2004, p.6)


En otras palabras, el Dr. Seligman, nos está diciendo que en estos momentos estamos viviendo una “crisis del carácter” que está repercutiendo en todos los sectores de la sociedad, y que estaría relacionado con el no aprendizaje de “valores”.


A esta misma conclusión sobre la crisis del carácter que estamos viviendo en la actualidad arriba el psicólogo clínico, el Dr. GEORGE K. SIMON cuando escribe:


… Cuando se examinan seriamente nuestros problemas sociales más acuciantes, ya sean políticos, interpersonales, laborales o incluso económicos, los problemas pueden eventualmente atribuirse a una responsabilidad individual limitada. Quiera o no, el carácter importa. Afecta a todo lo que hacemos, y la deficiencia de carácter está en la raíz de muchas aflicciones que enfrentamos. Incluso la mayor crisis financiera desde la Gran Depresión fue causada principalmente por la codicia, la deshonestidad y la irresponsabilidad de un puñado de banqueros y ejecutivos deficientes de carácter. (Simon, 2011, p.246)


Por lo tanto, esta crisis o deficiencias del carácter, que en nuestro modo de hablar y pensar coloquial llamamos “Mal Carácter”, se encuentra íntimamente relacionado con el concepto del mal o psicología del mal, del cual trata este libro.


2. Modelos Mentales


Cada vez que, en nuestras conversaciones cotidianas entre amigos, familiares, colegas, etc., sale a la luz el tema del “mal”, podemos advertir que todos tenemos algún tipo de “idea” o “modelo” sobre él y que, este modelo, más allá de las diferencias individuales, es bastante similar entre todos ya que podemos comprender a qué se hace referencia cuando mencionamos al mal o a una persona mala.

Ahora bien, tenemos la creencia de que, en términos generales, este modelo del mal es un modelo “claro y simple” ya que nos permite comunicarnos entre nosotros y comprender el concepto general del que estamos hablando, pero, en verdad, es el producto de una larga historia de aprendizaje que ha comenzado a moldearse a partir de nuestra infancia.


Por un lado, nuestros padres, nos han ido enseñado paulatinamente qué conductas son “buenas” y cuáles son “malas”. A través de los premios de las primeras y las reprimendas de las segundas, hemos ido aprendiendo que a las primeras hay que imitar y a las segundas hay que evitar. En términos psicológicos, hablamos de “condicionamiento operante”. Es una forma de aprendizaje de conductas por medio de recompensas y castigos. Es por ello que nadie, por más bien que se haya comportado durante su infancia, ha podido escapar de algún tipo de reprimenda o castigo por parte de sus padres. Por lo tanto, estas conductas tempranas “no deseadas” o “malas” han comenzado a formar los primeros esbozos de este “modelo del mal”.

Por otro lado, hemos atravesado muchas horas dedicadas a observar dibujitos animados, cuentos o videojuegos, con los cuales nos han enseñado a distinguir entre el grupo de los personajes “buenos” o “héroes” del grupo de los personajes “malos” o “villanos”. Hemos estado expuestos a muchas horas en este proceso que llamamos en psicología “aprendizaje vicario”, donde una persona aprende a partir de la observación de las conductas de otras personas. Es decir, se aprende por el solo hecho de “ver” u “observar” lo que otros hacen y las consecuencias que tienen por su conducta para repetir esa conducta deseada o evitar aquella conducta no deseada. Este aprendizaje lo observamos también en el juego de los niños donde la lucha de los buenos contra los malos se encuentra presente de forma frecuente.

Y, por último, la tercera fuente de aprendizaje está relacionado con el aporte de la religión, sea cual fuera el credo. Todas las religiones nos han impartido de distintas formas y mensajes, una noción muy clara sobre el “mal” a través de las diversas concepciones y figuras que van desde el propio “Diablo” hasta todos los tipos de “demonios” más horripilantes que la imaginación pueda crear y que habitan en los infiernos más temibles. De esta manera, también la religión nos ha ido “educando” hacia el camino de las virtudes que hay que seguir y el camino hacia el pecado que hay que evitar.


Toda esta larga historia de aprendizajes a través de estas tres grandes fuentes de referencias ha hecho que cada persona haya ido formando un “modelo” sobre el mal bastante similar en su cultura a través de los años.


Como podrán apreciar hasta aquí, la formación de este “modelo del mal”, es un proceso muy complejo de aprendizaje que en psicología denominamos “Modelo Mental”. Al respecto el Dr. PETER M. SENGE, Director del centro para el Aprendizaje Organizacional del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), nos lo explica en sus palabras:


Los ‘modelos mentales’ son supuestos hondamente arraigados, generalizaciones e imágenes que influyen sobre nuestro modo de comprender el mundo y actuar. A menudo no tenemos conciencia de nuestros modelos mentales o los efectos que surten sobre nuestra conducta. Por ejemplo, notamos que una compañera del trabajo se viste con elegancia, y nos decimos: ‘Ella es típica de un club campestre’. Si vistiera con desaliño, diríamos: ‘No le importa lo que piensan los demás’. (Senge, 2005, p.21)


Los modelos mentales pueden ser simples generalizacio­nes, como ‘las personas son indignas de confianza’, o teorías complejas, tales como ‘mis supuestos acerca de por qué los miembros de mi familia se conducen de tal manera’. Pero lo más importante es que los modelos mentales son activos, pues moldean nuestros actos. Si creemos que las personas son indignas de confianza, no actuamos como si hubiéramos creído lo contrario. Si yo creo que mi hijo no confía en sí mis­mo y mi hija es muy agresiva, continuaré interviniendo en sus discusiones para impedir que ella le dañe la autoestima.

¿Por qué los modelos mentales son tan poderosos para afectar lo que hacemos? En parte porque afectan lo que ve­mos. …Como dicen los psicólogos, observamos selectivamente. Esto también ocurre con obser­vadores presuntamente ‘objetivos’, como los científicos. Como escribió Albert Einstein: ‘Nuestras teorías determinan lo que medimos’. Durante años los físicos realizaron experi­mentos que contradecían la física clásica, pero nadie ‘veía’ los datos que estos experimentos suministraron al fin, conduciendo a las teorías revolucionarias —mecánica cuántica y relatividad— de la física del siglo veinte. (Senge, 2005, p. 220-221)


Por lo tanto, y siguiendo los lineamientos del Dr. Senge, el “modelo mental del mal” que poseen las personas se encuentra profundamente arraigado en nosotros, posee generalizaciones e imágenes que influyen sobre nuestro modo de comprender el mundo y actuar. No tenemos conciencia del mismo. Es una teoría compleja. Es activo, en el sentido de que moldea nuestros actos. Y es tan poderoso que afecta lo que hacemos, porque afecta lo que ve­mos.

Pero a pesar de lo poderoso que son los Modelos Mentales, siguen siendo una Representación Mental de algo, compuesta de distintas ideas o imágenes, pero que no son “la realidad”. En otras palabras, los Modelos Mentales son como Mapas, los cuales son una Representación de algún Territorio. Es decir, el mapa sólo es una Representación del Territorio. Por lo tanto, podemos afirmar que los Modelos Mentales son “Representaciones Mentales” de la Realidad y, por más que se aproximen en exactitud o precisión, nunca serán la realidad.


Ahora bien, ¿qué ocurriría si les dijese que esta representación mental del mal, o este “modelo mental del mal” que hemos formado a través de tantos años, es un modelo erróneo? ¿Qué pasaría si les dijese que es un modelo mental que se ha ido formando a partir de un error sobre otro error, y luego otro error encima de otro más, a tal punto que ya no coincide en absoluto con la realidad? Supongo que lo primero que pensarían es que el razonamiento “más sensato” al tomar conciencia de que poseen un modelo erróneo o equivocado, sería “reemplazarlo” por otro modelo mental más correcto o ajustado a la realidad. Pero lamentablemente, los “modelos mentales” no funcionan de tal manera, pues como dijo el Dr. Senge, están profundamente arraigados en nuestras mentes. En este punto en particular, es decir, sobre el cambio de modelo mental, el Dr. Senge nos aclara en sus propias palabras:


El problema de los modelos mentales no radica en que sean atinados o erróneos. Por definición, todos los modelos son simplificaciones. El problema surge cuando los modelos mentales son tácitos, cuando existen por debajo del nivel de la conciencia. (Senge, 2005, p. 222)


… Nuestra mente se mueve lite­ralmente a la velocidad del rayo. Irónicamente, esto a me­nudo vuelve más lento nuestro aprendizaje, porque ‘brincamos’ tan deprisa a las generalizaciones que no pensamos en verificarlas. Los ‘castillos en el aire’ describen nuestro pensamiento con mayor frecuencia de lo que sospechamos. (Senge, 2005, p. 240-241)


… Pero mientras no seamos conscientes de nuestros brin­cos de abstracción, no seremos conscientes de la necesidad de indagación. Por eso es importante practicar la reflexión como una disciplina. (Senge, 2005, p. 244)


Tal como nos dice el Dr. Senge, el verdadero problema radica en que este “modelo mental del mal” que poseemos funciona por debajo de la consciencia, es decir, no tenemos consciencia del mismo, pero sí, influye en nuestra forma de percibir el mal, aunque la percibamos de forma errónea o distorsionada.

En otras palabras, hemos desarrollado durante largos años de nuestras vidas un modelo mental del mal “erróneo” que está influyendo de forma activa en la manera de percibir el mal y ni siquiera nos damos cuenta de que es éste mismo modelo mental el que está “obstruyendo” nuestra posibilidad de poder ver el verdadero funcionamiento del mal.


3. El Mito del Mal


Para comenzar a comprender los errores sobre los cuales se ha ido edificando este modelo mental del mal, tenemos que comenzar por “revisar” nuestro modelo mental del mal.


Al respecto, el eminente psicólogo social, Dr. ROY F. BAUMEISTER, uno de los psicólogos más prolíficos e influyentes del mundo y, que ha publicado más de 500 artículos científicos y más de 30 libros, realizó un estudio donde define dichos errores como el “mito del mal”. En palabras del Dr. Baumeister:


Pero la imagen del mal es familiar para todos hoy en día, tal como ha sido familiar para todos por miles de años. ¿Cómo podemos estar tan familiarizados con algo que no existe? ¿Cómo pueden tantas culturas y pueblos diferentes en todo el mundo llegar a tener aproximadamente la misma imagen del mal, si no se basa en la realidad? O, para cambiar la pregunta, ¿cómo puede la imagen del mal sobrevivir tan bien si es un error? (Baumeister, 1999, Posición en Kindle 1237-1240)


… El propósito de este capítulo es comprender qué necesidades o fuerzas psicológicas sostienen esta imagen a pesar de su débil relación con la realidad empírica.

La imagen más penetrante y convincente del mal tiene prácticamente las mismas características dondequiera que aparezca. Los eventos reales a menudo se distorsionan, se perciben erróneamente o se torcían de otra forma para ajustarse a esta imagen. La imagen sobrevive en los ojos del espectador por todas partes porque satisface varias necesidades importantes y tranquiliza a gente sobre su propia bondad e inocencia.

Esta imagen requiere un nombre, porque aparecerá repetidamente. Por conveniencia, el mito del mal puro capta aproximadamente las principales implicaciones. (Baumeister, 1999, Posición en Kindle 1242-1247)


… El mito del mal puede ser visto como un compuesto de estas imágenes. El mito define la forma en que la gente piensa del mal - que en algunos aspectos cruciales es muy diferente de las causas reales de la violencia y la opresión. (Baumeister, 1999, Posición en Kindle 1437-1438)


En otras palabras, el Dr. Baumeister dice que el mal posee unaimagen”, o modelo mental en nuestro caso, que por más que no coincida con la realidad del mal, se sostiene a través del tiempo y las distintas culturas. Y agrega que dicha “imagen” estaría compuesta por ocho características que sostendrían al “mito del mal”, y que a continuación se detallan.


A. El mal implica infligir de forma deliberada daño a las personas.


Los espectadores son generalmente personas que sufren daños. Ellos ven al agente del mal como alguien que los dañó. Además, el daño es intencional. El mal busca hacer daño y lo hace deliberadamente. Al menos, así es como la gente piensa en ello. (Baumeister, 1999, Posición en Kindle 1439-1441)


Lo que está queriendo explicar el autor es que cuando se inflige algún tipo de daño hacia otra persona, siempre debe ser de forma “intencionada” para ser considerada malvada. Es por ello que el autor dice que el mito del mal descartacualquier formaaccidental” de dañar al otro, pues ésta ya no sería considerada o vista como un acto “malvado”, o proveniente de alguna persona malvada, pues “no hubo intención” de hacer daño.


B. El mal es impulsado principalmente por el deseo de infligir daño, simplemente por el placer de hacerlo.


El mal es sádico: las personas malvadas disfrutan del sufrimiento que causan, e infligen daño para obtener este disfrute. A veces el mal se ve como impulsado por los antojos de poder o dinero, pero estos no son motivos bien articulados, y tales deseos ciertamente no son parte de algún esquema positivo (como el deseo de ganar poder para hacer del mundo un lugar mejor). Si el mal quiere dinero y poder, el dinero y el poder a menudo se ven simplemente como medios hacia un mayor mal.

… Cuando las personas han sido enojadas o victimizadas por otra persona, tienden a describir las acciones de esa persona como si no tuvieran una razón coherente o aparente. A veces, simplemente presentan las acciones como arbitrarias y casi incomprensibles. Otras veces, las describen como motivadas por pura malicia.

… Las personas no pueden o no quieren ver que alguien que los lastima tiene una razón comprensible. Distorsionan las acciones del otro para adaptarse al mito del mal puro. (Baumeister, 1999, Posición en Kindle 1444-1453)


El autor nos está queriendo decir que a los espectadores o víctimas del daño les cuesta mucho comprender las “causas” o “motivos” que llevaron a la persona a cometer un crimen. Por ejemplo, de forma automática, en general las víctima o espectadores interpretan dicho acto por motivos de “pura malicia”, es decir, por el “placer” que le provocó hacer el mal.


C. La víctima es inocente y buena persona.


Las víctimas suelen ser buenas personas que se ocupan de su vida de manera decente y adecuada. Ellos son objetos de los malhechores de la nada y sin razón. Tales víctimas merecen la máxima simpatía y el apoyo de toda la gente decente, porque lo que les sucedió podría pasarle a cualquiera. (Baumeister, 1999, Posición en Kindle 1454-1456)


Aquí el autor plantea que el mito no permite ver que en ciertas ocasiones es la víctima la que “contribuye” a generar o escalar en un círculo de violencia entre ambos. En el mito, quien comete el acto dañino es quien carga con “toda la responsabilidad”, mientras que la víctima queda librada de toda responsabilidad.


D. El mal es el otro, el enemigo, el forastero, el grupo exterior.


El mal no existe por sí solo, sino sólo en relación con el bien. Y lo que suele suceder es que el conflicto entre el bien y el mal suele superponerse al conflicto de nosotros contra ellos. (Baumeister, 1999, Posición en Kindle 1458-1460).


En otras palabras, las personas malvadas nunca son percibidas como las que pertenecen al mismo grupo al cual una persona buena pertenece. Es decir, son personas “alejadas” del grupo de pertenencia. Y este grupo externo siempre se percibe como “distinto” al de pertenencia.


E. El mal ha sido así desde tiempos inmemoriales.


… El mal es constante e implacable y, en su mayor parte, inmutable. Tal vez hace mucho tiempo hubo un giro hacia el mal, una caída de la gracia, un despertar mal, un nuevo reconocimiento, pero a lo largo de toda la historia reciente, el mal ha sido sólo eso: el mal. Con las personas individuales, lo mismo es cierto: siempre fueron malvados, al menos desde la infancia. (Baumeister, 1999, Posición en Kindle 1463-1465)


El autor nos quiere significar con esto que el mito no contempla la posibilidad de que las personas puedan un día, de forma repentina, “convertirse” en personas malvadas por causas externas o traumáticas, por ejemplo.


F. El mal representa la antítesis del orden, la paz y la estabilidad.


El mundo normal, el mundo bueno y pacífico, es estable y predecible. La intrusión del mal es esencialmente una interrupción del patrón normal de las cosas. El mal no es sólo daño; también es caos e irracionalidad. (Baumeister, 1999, Posición en Kindle 1467-1468)


El autor nos dice que el mito del mal nos hace creer que los actos malvados son en general “irracionales”, pues su principal motivo es generar “caos” en un mundo ordenado y pacífico.


G. Los personajes malignos suelen estar marcados por el egoísmo.


No carecen de autoestima. En todo caso, tienen demasiada autoestima, porque se sobreestiman. Son salvajemente ambiciosos y supremamente seguros, y miran hacia abajo a todos los demás. (Baumeister, 1999, Posición en Kindle 1470-1472)


El Dr. Baumeister nos advierte que en el mito del mal todos los personajes poseen como característica una “muy alta autoestima”, excluyendo de esta manera la posibilidad de pensar que pueden existir personas malvadas pero que posean una baja autoestima.


H. Las figuras malvadas tienen dificultad para mantener el control sobre sus sentimientos, especialmente la rabia y la ira.


De hecho, algunas descripciones del mal lo caracterizan como alguien que calcula fríamente, impulsado por una hostilidad implacable hacia lo bueno y lo normal, en lugar de estar fuera de control. Sin embargo, hay cierta tendencia a describir el mal como dado a impulsos y acciones salvajes, y de hecho esta locura se ve a veces como el punto vulnerable o defecto fatal que permite que el bien triunfe. (Baumeister, 1999, Posición en Kindle 1475-1477)


Por último, el autor nos explica que las figuras que coincidirían con el modelo del mito del mal son personas que en general tienen serias dificultades en controlar sus impulsos, haciendo que “exploten” en remolinos de “furia” en algún momento.


I. Síntesis


En síntesis, el Dr. Baumeister, nos resume el “modelo mental” que tenemos sobre el mal de la siguiente manera:


… Una fuerza, o persona, que busca implacablemente infligir daño, sin motivo positivo o comprensible, derivando el goce del sufrimiento de otros, es malo. Maliciosa y gratuitamente busca víctimas inocentes e inocentes entre las buenas personas del mundo. Es el otro eterno, el enemigo, el forastero que desprecia el ordenado y pacífico mundo del bien y busca arrojarlo al caos. (Baumeister, 1999, Posición en Kindle 1480-1483)


Si tomamos al azar algún personaje villano de los que todos conocemos, podremos verificar qué tan bien encaja este “modelo del mal” con el “mito del mal”. Tomemos, por ejemplo, el “Guasón” de la película “Batman: El caballero oscuro” dirigida por Christopher Nolan en el año 2008.

Siguiendo los lineamientos del mito del mal, veremos que el Guasón es un personaje siniestro que es la antítesis del orden, la paz y la estabilidad, tal como se describe en uno de los mitos del mal y, busca crear “caos” en la ciudad de “Gothem” al hacer explotar el edificio del hospital. También podemos observar que se cumple otro de los mitos, cuando obtiene “placer” al infligir daño a sus víctimas en el momento en que rapta a la inocente novia y al buen intendente de la ciudad y disfruta de la trampa imposible de salir en la que ha metido a sus víctimas. Por otro lado, vemos que cumple con el mito del control de sus impulsos cuando tiene sus estallidos de “furia” y, por ejemplo, le corta el rostro a un mafioso. Además, podemos observar que este personaje es del “bando opuesto” al de Batman, ya que posee su grupo de bandidos y forajidos que lo siguen. Por último, se observa que el Guasón es el “eterno enemigo” de Batman ya que el odio y el desprecio que le tiene hacen que le desee la muerte de cualquier forma o costo.

Como podrán apreciar, el “Guasón” es el PROTOTIPO del mal que encaja perfectamente con el mito del mal y el modelo del mal que tenemos en nuestras mentes. Pero, para nuestro infortunio, este modelo es total y completamente erróneo e impreciso respecto de la realidad del mal, pues la psicología que subyace a los mecanismos del mal es un proceso complejo y profundo, pero, sobre todo, muy diferente al “modelo mental” que hemos construido durante tantos años y que se encuentra tan PROFUNDAMENTE ARRAIGADO EN NUESTRAS MENTES que no nos permite ver otra cosa.


4. Definición del Mal


Hasta aquí hemos podido apreciar que poseemos un modelo del mal inadecuado. Esto hace que la primera pregunta que se nos venga a nuestra mente sea: “Entonces, ¿qué es el mal?” A continuación, iremos examinando las diferentes definiciones del mal que han utilizado distintos psicólogos:


Según el Dr. Ervin Staub:


El mal puede ser definido como acciones intensamente dañinas, que no son proporcionales a condiciones instigadoras, y la persistencia o repetición de tales actos. Una serie de acciones también puede ser mala cuando cualquier acto causa un daño limitado, pero con la repetición, éstas causan un gran daño. (Staub, 1999, p. 180)


De acuerdo al Dr. Philip Zimbardo:


El mal es el ejercicio y el abuso intencional de poder para dañar psicológicamente, lesionar físicamente o destruir mortalmente la vida de otra persona. El mal también puede ejercerse para arruinarle la reputación, la carrera, el estatus o posición social de alguien. (Zimbardo, s.f., p.2)

La maldad consiste en obrar deliberadamente de una forma que dañe, maltrate, humille, deshumanice o destruya a personas inocentes, o en hacer uso de la propia autoridad y del poder sistémico para alentar o permitir que otros obren así en nuestro nombre. (Zimbardo, 2007, p. 5)


En palabras del Dr. Roy Baumeister:


“Los prototipos del mal humano implican acciones que dañan intencionalmente a otras personas” (Baumeister, 1999, Posición en Kindle 260).


En cada una de las definiciones hay ciertos conceptos que están implícitos pero que iré explicitando para mayor claridad del lector.

Todas las definiciones mencionan al “hombre” como protagonista del mal. Por más trivial que parezca la aclaración, en nuestra definición no se incluyen ni los “desastres naturales” ni las “epidemias” como formas de mal.

Cuando se habla del mal, todas las definiciones mencionan acciones humanas o intenciones deliberadas de parte de alguna persona. Con ello se da por sentado que esa persona es “consciente” de sus acciones. Es decir, quedan descartado todos los casos donde no hay conciencia, como son los casos de cuadros psiquiátricos como es la esquizofrenia donde la persona puede estar alucinando o cuadros de grave intoxicación de sustancias que provocan estados de inconciencia transitoria, como por ejemplo el consumo de drogas que alteran los sentidos y por lo tanto las percepciones.

También con el uso del concepto de “intención” cada autor deja, de forma implícita, que no incluye en su definición del mal los daños causados de forma “accidental” o “no intencional”.

Y, por último, en las definiciones no se menciona la cuestión de la “magnitud” del mal. Es por ello que el concepto abarca desde la crueldad mezquina hasta los crímenes más horrendos y terroríficos.


Si bien estas definiciones toman distintos aspectos del mal, creo que ninguna es esclarecedora de la estrategia fundamental del cual se sirve el mal: la planificación cognoscitiva intencional. Es por estos motivos que mi tesis es que “El Mal” se sirve de ESTRATEGIAS COGNITIVAS DELIBERADAS para ocasionar algún tipo de daño a sus víctimas. Por lo tanto, a lo largo de este libro, cada vez que me refiera al mal, estaré haciendo referencia al mismo desde la siguiente definición:


“El mal es el uso de estrategias cognitivas deliberadas de dominio cuyo objetivo es engañar (mentir, estafar) dañar (causar detrimento, perjuicio, dolor), maltratar (acosar, humillar, deshumanizar) y/o lesionar (herir o destruir) física, psicológica y/o socialmente (arruinarle la reputación, carrera, estatus o posición social), de forma repetida a sus víctimas, ya sea a través del poder propio y/o del poder sistémico para alentar o permitir que otros obren de esa manera en su nombre.”


A continuación, explicaré cada concepto que compone esta definición del mal:


ESTRATEGIA por cuanto implica una planificación previa, es decir, hay un plan ideado del cual se prevé alcanzar un cierto objetivo.

COGNITIVA por lo que es relativo o está relacionado con el pensamiento.

DELIBERADA ya que es un acto voluntario, intencionado o realizado a propósito.

DOMINIO ya que está relacionado con el poder que se ejerce sobre otra persona.

ENGAÑAR, DAÑAR, MALTRATAR y LESIONAR por cuanto representa las distintas formas de agredir al otro.

DE FORMA REPETIDA, ya que no se considerará maldad si su objetivo ha sido una sola víctima, sino que hayan sido varias víctimas.

PODER SISTÉMICO ya que no solamente hacen uso de sus propios poderes, sino que utilizan a los demás para sus planes como es el caso de la creación y difusión de rumores maliciosos.


Ahora bien, si hablamos de que el mal consiste en el uso deliberado de estrategias cognitivas, debemos preguntarnos primero, y antes de entrar a detallar cuáles son dichas estrategias, la concepción epistemológica que tenemos del hombre. Tema que abordaremos en el siguiente capítulo.




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